En doce años se ha triplicado la circulación de billetes y monedas en todo el mundo, y no es casualidad, sino que da a entender que se trata del único modo de pago seguro al alcance de toda la población. Cosa diferente es que todos tengamos dinero, eso es otra cuestión. Pero es cierto que el efectivo otorga pleno poder a su dueño, pagar con dinero permite cierto control del gasto y por lo tanto también del ahorro, ya que es más visual, se toca, se palpa, se guarda, se almacena…

En España, desde luego, es el método de pago preferido por la población, como en otros muchos países de nuestro entorno; es un derecho fundamental el poder escoger el método de pago en nuestras compras. Incluso con las nuevas formas de comercio electrónico, el dinero sigue siendo la alternativa al pago con tarjeta, es como el pago contra reembolso que se ha hecho toda la vida. Y es que el 58% de la población europea no está dispuesta a compartir sus datos bancarios a cambio de beneficios.

Sigue habiendo una tendencia de supresión del dinero en efectivo en algunos países del norte de Europa, pero se trata de una práctica muy controvertida ya que discrimina a un porcentaje significativo de población a quien se obliga a utilizar un método que no es deseado: no todo el mundo tiene por qué tener tarjeta y cuenta bancaria. Por lo tanto, una vez más el pago en metálico se erige como factor de cohesión social. La retirada paulatina de dinero metálico que se sugiere es peligrosa, pues en algún momento no se podría garantizar que haya suficiente cantidad de monedas y billetes para toda la población. En cualquier caso corresponde a la Comisión Europea legislar sobre ello y el asunto no es nada fácil, tiene muchas aristas.

Se habla de que las sociedades serían más seguras sin efectivo, pero eso sigue siendo una falacia: lo cierto es que es más fácil falsificar o duplicar una tarjeta de crédito que que te cuelen un billete falso.

El dinero en metálico no tiene nombre, no tiene filiación, es privado, es más seguro ante ciber ataques o crisis financieras y está respaldado por los gobiernos.

No lo verán nuestros ojos, ni los de nuestros hijos, ni probablemente los de nuestros nietos, el dinero en efectivo permanecerá aún décadas entre nosotros. Así pues, el futuro de los dispositivos de cobro automático tiene todavía un gran recorrido.